¡VAMONOS DE FIESTA!
Agosto es un mes en el que además de ser mi cumpleaños y estar todo el mundo de vacaciones y todos comercios cerrados, (excepto en la playa que por allí está todo abierto), se caracteriza también porque son las fiestas de todos los pueblos o casi todos de nuestra piel de toro…
Que puedo decir de este tipo de fiestas…. Pues que en todos sitios son muy parecidas.
La mayoría de estas localidades celebran sus fiestas en honor a este o aquel santo vaya usted a saber; pero en el fondo son muy paganas porque todo o casi todo se resume a fiesta loca y desenfrenada por la noche, que digo yo, ¿Qué tienen que ver las verbenas y la fiesta y juerga con el santo? ¿Acaso el santo o virgen eran unos despendolados? Por si acaso en terreno resbaladizo no me meto, cada cual que saque sus conclusiones…
Además de la “juerga loca” hay otro tipo de actividades como la romería al santo, que esto me provoca curiosidades como ¿Por qué el santo siempre está a tomar por culo… perdón, lejos lejísimos? ¿O porque la mayoría de las veces no solo está lejos lejísimos, sino que lo ponen arriba de la montaña o cerro? Que encima que tienes que ir a ponerle flores, rezarle y venerarle (los mas creyentes), tienes que pegarte una soberana paliza andando al sol, total para llegar allí y no tener ni una triste fuente con agua, ¿es que los santos no bebían? . Algunas localidades hacen la comida común ahí en donde el santo y suele ser la vaca para todo el pueblo, que la mayoría de las veces la pobre vaca está seca y dura.
De todas formas, me encantan las tradiciones de este estilo en el que casi todo el pueblo participa… Como por ejemplo las carreras populares, (que ya tiene ganas la peña después de pasar una noche de juerga ponerse a correr, con toda resaca ufff), O los torneos de cartas (cada lugar con su nombre, aquí en Aragón es guiñote), o de dominó; en cualquiera de este tipo de torneos tienes las de perder, porque siempre vas a jugar contra gente mayor y ya lo dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por diablo, y la gente mayor se las saben todas, para eso son mayores… Otro tipo de torneos, parchís y oca, que divertidos divertidos no son para que engañarnos, pero te hacen pasar un rato. ¿Y el tema taurino qué?, vaquillas, toro embolado o ensogado o incluso toro de fuego, ¿será que nos va eso de los cuernos?
Pero entre todas estas actividades hay una que resalta por encima de las demás y es la verbena, que suele realizarse en la plaza del pueblo o pabellón y donde acude todo el mundo engalanado. Tengo que reconocer que aunque la mayoría de estas verbenas nos deleitan con orquestas que a veces hacen que nos sangren los oídos, ahí los tienes llenando plazas, ¡ole por ellos!… Todas verbenas siguen una pauta que siempre es la misma, primero el pachun pachun de pasodobles, tangos y demás para la gente adulta, después de una hora más o menos introducen alguna así modernilla para que los adultos vayan haciéndose a la idea de que su momento de mover el esqueleto va acabando, que acaba cuando llega el descanso para que todos vayamos a la barra a pedir más bebida y compremos los últimos boletos del bingo, que también tenemos afición a eso.
Después del bingo y de los sorteos oportunos de los trofeos de los torneos, llega el momento de juntar a todo el rebaño de jovenzanos y como se hace…pues con Paquito el chocolatero, donde todos se agarran al más cercano con el gritito correspondiente ¡hey hey! Recuerdo una versión de esta canción en cuestión que la alargaron y alargaron, solo nos faltó hacer el pino y rascarnos la nariz a la vez, y es que quince minutos de esta canción dan para mucho.
Seguramente me deje muchas cosas en el tintero, pero no voy a extenderme sobre las fiestas de los pueblos, que cada uno en su memoria alargue esta historia como quiera, yo recuerdo unas fiestas en concreto que son dignas de mención y es lo que voy a hacer.
No eran en agosto ni relacionadas con el santo, pero eran fiestas al fin y al cabo y en un pueblo, en el que acabé celebrando las fiestas de los quintos de rebote, si si de rebote.
Resulta que a mi amiga Bea, le dio un aire en la cabeza o un golpe de calor (no era agosto, pero si finales de julio), en el verano del 2001 y decidió que tenía que subir a su pueblo, para secuestrar su bici que estaba siendo usada por otra persona, así que me convenció y nos fuimos para allá con mi coche.
El secuestro de la bici fue realizado sin ninguna incidencia, no sufrió ninguna víctima y no hubo daños colaterales, después de medio desmontar la bici y cargarla en el coche, nos fuimos a la venta de Juan Pito a comer unas migas de puta madre, y de vuelta al pueblo de Bea, entramos en el bar que está en la travesía del pueblo y nos venía de camino, allí fue donde caí de rebote en las fiestas, Bea conocía al camarero, como es lógico en los pueblos que se conoce toda gente y empezaron a hablar, me lo presentó, se llamaba Isaac y estuvimos hablando los tres un ratillo, hasta que Isaac le comentó a Bea que estaban las fiestas de los quintos próximas y que si iba a ir, antes de decirle algo concreto, Isaac nos había apuntado a las dos para las fiestas, así que no había vuelta atrás.
Bueno pues un par de semanas más tarde, volvimos a irnos hacia Salvatierra de Escá a lo que iban a ser las fiestas de los quintos. Nada más llegar, los mozos del pueblo me hicieron parar el coche en la puerta de la bicoca (es como se llama el bar del pueblo), y empezaron a zarandear el coche, hasta que bea sacó la cabeza por la ventana y les pego un grito, ninguno de sus colegas le había visto en el coche, ni siquiera su primo, así que cuando decidieron dejarnos pasar lo hicieron al grito de ¡nos vemos luego en la cena “ciervas”! ¿Ciervas? Yo alucinaba, allí las chicas cada año las definen con un animal…
Bueno pues después de visitar el pueblo y alrededores, llegó la hora de la cena, que en Salvatierra se lo curran un poco más y no hacen vaca para todo el pueblo, en este caso fue un catering, que la forma en si da lo mismo lo importante es juntar a todo el pueblo, aquí había mesas enormes donde la iglesia y donde pusieron el bar, no solo tienen más pelas que otros pueblos sino que esta todo pensado y a mano, porque al lado de donde cenábamos estaba el baile así no tenias que moverte mucho porque si hay algo malo en el pueblo de Bea, o cualquier otro pueblo de montaña son las cuestas…
La cena fue peculiar, un primo de mi amiga estuvo amenizando nuestra mesa, digamos que era el centro de atención y su “súper olfato de perro perdiguero de Burgos”, según decía, porque cuando empezaron a servir el catering olía bastante bien, y según Sergio (que así se llama el primo en cuestión) dijo que de primero nos pondrían un buen cocido, el cocido resultó ser un caldo, sin pasta ni nada (aburrido y soso), de segundo vaticinó con su olfato que sería un chuletón de Ávila y en lugar de eso, fue vaca (no podía faltar en un pueblo), pero en lugar de asada fue guisada y de postre dijo que sería una tarta de chocolate y fueron unas natillas que según Bea eran cancerígenas. Dicha cena fue amenizada por el vino, muy común también y por una conversación recuerdo que era referente a la comida china, Sergio no estaba nada de acuerdo, contó la anécdota de que una vez había probado la sopa de aleta de tiburón y que le dio mogollón de asco y que seguramente por su parte a los restaurantes chinos les iban a dar por donde cargan los camiones. (Yo por aquel entonces, trabajaba de coche piloto, que consiste en ir delante o detrás de un camión con carga especial, ya sea largura, altura o anchura o incluso peso), así que yo estaba pensando en la frase que dijo, y como se cargaban los camiones, los nuestros por ejemplo se ponía la carga encima de la plataforma, pero ¿y el resto de camiones? Ostras, que bueno, por el culo… Ese fue el momento álgido de la noche y de las fiestas, me dio tanta risa que me salieron las natillas cancerígenas por la nariz… (No intentéis hacer esto, os aseguro que no es agradable), se armo la marimorena, Bea diciéndome que la estaba avergonzando (gracias Bea por preocuparte por mi tabique nasal), su primo que volviera a repetirlo y los de mi derecha apartándose no les fuera a salpicar. ¡Qué mal rato por dios! Después de la cena, lo de siempre el baile y verbena y lo que ello conlleva a la gente joven, alcohol… Que esa es otra para pillar una buena curda, ves de fiestas de este tipo, parece que los lugareños no tengan límite o que en lugar de hígado tengan esponja.
A la hora de irnos a la cama, el bueno del padre de Bea nos había dejado su cama grande para dormir las dos juntas y cuando estábamos ya arropaditas y calentitas y la cama comenzaba a estarse quieta (según el grado de alcohol en sangre la cama gira más o menos rápida), se nos rompió y nos quedamos las dos en cuesta para abajo, pero una que es muy apañada lo soluciono y dormimos sin más incidentes.
Al día siguiente, bea dormidísima le gritaba a la pedazo de tormenta que estaba cayendo, no sabía la pobre mujer donde estaba; y cuando nos levantamos su padre nos pregunto que como habíamos dormido (el sabía que la cama estaba rota), al decirle que muy bien fue a ver como estaba la cama y como la encontró arreglada no dijo nada, jajaj le salió un poco el tiro por la culata…
Bueno no tengo mucho más que contar, sobre estas fiestas en particular, pero en mi cabeza tengo momentos muy buenos, así que animaros a tener experiencias así como las mías.